“La trata de personas, la explotación sexual y la prostitución son diversas caras de una misma realidad”

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La trata de personas, la explotación sexual y la prostitución son diversas caras de una misma realidad, enfrentar a una de ellas sin tener en cuenta las otras es una batalla pérdida; así de clara y contundente es la postura de Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida, APRAMP, que lleva trabajando cerca de 40 años en España, luchando contra estre flagelo y trasformando las vidas de miles de mujeres.

El enfoque de perspectiva de género y de derechos humanos hace de APRAMP una de las voces más críticas, y necesarias, del debate en esta fecha. La ley contra la trata con fines de explotación sexual, adelantada por el Gobierno actual aunque bienintencionada no es suficiente, asegura Rocío Mora, directora de APRAMP“Aplaudimos esta medida, pero tiene que ir acompañada de otras que sean integrales”, sentencia.

Esta “esclavitud del siglo XXI”, como la ha denominado en varias de sus intervenciones públicas, solo se combate con una ley estatal que ponga en el centro a las víctimas, en abrumadora mayoría mujeres, además, en riesgo de exclusión social y situación de vulnerabilidad.

Para una vida íntegra, una ley integral

En el contexto de Europa, España sigue siendo tanto destino como tránsito para la trata, tanto desde Europa del Este como de Latinoamérica y África; desde sus inicios APRAMP ha comprobado el creciente número de mujeres inmigrantes que han sido objeto de explotación sexual durante las dos últimas décadas; es esta caracterización del fenómeno en Europa en general y en España en particular, la que hace más urgente una legislación integral.

Sin ella no hay cómo garantizar la recuperación de las mujeres que han vivido el flagelo de la explotación sexual, para que puedan ser destinatarias reales de los protocolos de apoyo y de ayudas, desde la inserción laboral, pasando por formación, ayuda legal e incentivos económicos.

Existe una gran dificultad para demostrar que mujeres que son prostituidas son víctimas de las redes de trata; la ley exige una tipificación del delito solo con un reconocimiento expreso por parte de la víctima, algo que en medio de la coacción y vulnerabilidad les puede costar hasta la vida.

El estado de alarma y la crisis sanitaria por el coronavirus no ha hecho sino agudizar el problema:  “la industria sexual ha seguido con su actividad”, señala Mora. “Ha habido señores que han salido a pasear al perro, lo han dejado en el piso y allí han contratado el servicio sexual”.

Una ley que comprenda la detección e identificación, la asistencia y apoyo, la protección y la recuperación, y la formación e inserción laboral, como su metodología, empezaría por ser una ley más justa y efectiva.

Si no se acaba con la industria del sexo, no se acaba con la trata”, reclama Mora. Para la asociación que representa es indispensable ofrecer a las mujeres que han sido víctimas de la trata la posibilidad de tener alternativas laborales, para que no vuelvan “a lo de antes, para que no vuelvan a esa rueda”

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